V O L T A J E P A G A N O I n v i t a c i ó n |
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T e x t o d e E d u a r d o S e r r a n o Voltaje Pagano La obra de León Trujillo Gómez escapa a todos los parámetros que parecen regir en el país acerca del arte contemporáneo. Su trabajo no es obvio, ni trascendentalista, ni mesiánico, aunque permite entrever cierto animo religioso no sólo en la actitud meditativa y esperanzada del artista, sino en el fervor con que asume la construcción de sus obras, en su aspiración interactiva, e inclusive, en el título mismo de esta muestra. Su trabajo tampoco pretende auto-ensalzar su sensibilidad social, ni denunciar alguno de los miles de hechos denunciables que acontecen cotidianamente en el medio colombiano, ni impugnar la labor de los demás en aras de su propio reconocimiento. Su trabajo, por el contrario, hace gala de un inusual sentido del humor, no se detiene ante los límites geográficos del país sino que aspira a trascenderlos y a proveer experiencias que acrecienten la conciencia del observador de cualquier parte, sobre las circunstancias del mundo actual y sobre las posibilidades creativas y expresivas que se encuentran en los más inesperados elementos. No implica lo anterior que el trabajo de Trujillo no conlleve un trasfondo crítico ni que sea una obra complaciente. Lo que implica, simplemente, es que no es literal ni obvio. En su producción, por ejemplo, interviene una gran diversidad de elementos tecnológicos lo que connota una firme convicción acerca de las posibilidades artísticas de la interdisciplinariedad. Pero su obra no hace gala de tecnologías de punta, ni aspira, como tantas obras en la actualidad, a que el sólo hecho de emplear sofisticados elementos tecnológicos la convierta en un trabajo transformador y de avanzada. Por el contrario, los recursos de su obra son de una tecnología elemental y simple, no son high tech, son low tech, y precisamente en esta característica de su trabajo se asienta buena parte de los contenidos de su producción. Por ejemplo, su restricción a mecanismos de baja tecnología no es producto de una imposibilidad de emplear equipos sofisticados sino de una decisión informada, premeditada, consciente, lo que entraña un cuestionamiento a la presunción de una mayor idoneidad por parte de los más recientes adelantos tecnológicos, y también, un comentario acerca de la rápida obsolescencia del supuesto paraíso que le deparan al mundo las nuevas tecnologías. El hecho de que la mayoría de los dispositivos utilizados por Trujillo provenga de electrodomésticos desactualizados, es decir de utensilios creados con el fin explícito de convertirse en ayudas para la vida cotidiana pero que se han vuelto inservibles, reitera su escepticismo a ese respecto. Además, su decisión de restringirse a mecanismos de baja tecnología conlleva un comentario sobre el futuro e irremediable desuso de lo que en la actualidad es posible calificar como alta tecnología, al tiempo que constituye un señalamiento de nuevas posibilidades de utilización para dispositivos que ya cumplieron su original función, es decir, una invitación al reciclaje. Por otra parte, el hecho de tergiversar las funciones de los mecanismos tecnológicos para asignarles nuevos cometidos, puede considerarse también como una identificación con la recomendación de los artistas situacionistas de distorsionar el empleo y el significado de los objetos “creados por el capitalismo y el sistema político hegemónico para producir un efecto crítico”. No hay que olvidar que, según algunos autores, el empleo artístico de la baja tecnología representa una impugnación a la idea de superioridad fundada en adelantos tecnológicos, ni que posibilita un modo alternativo de pensar la realidad. Sus planteamientos se presentan en la forma de ensamblajes, es decir de objetos encontrados, la mayoría manufacturados y organizados de tal manera que conforman un todo integrado, pudiendo afirmarse que su principal instrumento de trabajo es el destornillador. Su producción se inscribe en el ámbito de las neo-vanguardias, de esa tendencia artística contemporánea que recoge algunos de los argumentos de las vanguardias de comienzos del siglo XX y en particular del movimiento Dada, con el doble objetivo, por una parte, de reconectarse con prácticas artísticas de manifiesta potencia aunque interrumpidas sin haber sido exploradas o utilizadas a plenitud, y por otra parte, con el propósito de desconectarse de otras prácticas artísticas vigentes pero que por diversas razones se considera que han perdido su aliento y efectividad. Su trabajo es aditivo y aleatorio, va sumando elementos insospechados, incongruentes a primera vista, pero que una vez ensamblados adquieren un carácter lúdico y desconcertante. En algunos casos sus obras requieren la participación voluntaria o involuntaria del observador para completar su cometido. Pero toda su producción apunta a desmitificar la realización del arte -lo que hace especial sentido en un medio como el colombiano donde el concepto “arte” se halla revestido de exagerada solemnidad- y también, a demostrar que el entretenimiento y el humor pueden ser maneras válidas y eficaces de transmitir ideas y apreciaciones, así como de suscitar interrogantes y cavilaciones acerca del hombre, la sociedad y el mundo contemporáneos. Eduardo Serrano Rueda
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