Explorar la relación entre voyeurismo y erotismo con Barbies de cabellos ondulantes es una trampa para moscas. La atractiva y elaborada construcción con muñecas, lámparas cuello de ganso, ventilador, cámara de video y madera, es una excusa para llamar la atención del espectador, que luego queda implicado como voyeur y como protagonista en una segunda instancia de observación. A través de una proyección de video de circuito cerrado en otra sala del espacio de exposición, el incauto espectador sufre una revelación de efecto retardado, al notar que una cámara registra cuando uno está mirando a las bicéfalas. Esta instalación juega con las dialécticas de lo micro-macro, público-privado, cercano-lejano, dónde la carnada —o la trampa— no es otra cosa que chatarra eléctrica, iconografía religiosa y la agitación de objetos en movimiento. Es precisamente ese cruce de tecnología, adoración animista y utilitarismo que despliegan las piezas, “lo que convierte al observador pasivo en un cómplice que remata la comuniónentre el sujeto y el objeto.”

Mariángela Méndez
Curadora y Profesora de la Facultad de Artes y Humanidades
Universidad de los Andes, Bofgotá, Colombia